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LA VICTORIA DEL PUEBLO LIBANES
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NotaPublicado: Dom Ago 03, 2008 2:50 pm 
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Re: LA VICTORIA DEL PUEBLO LIBANES
NotaPublicado: Mar Ago 05, 2008 1:47 pm 
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Registrado: Mié Jul 09, 2008 10:37 pm
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Sustancia, Antonio, sustancia, cual pueblo libanés el que te agrada o todo el pueblo incluyendo a los musulmanes no radicales, a los cristianos de todas las denominaciones, a los judíos libaneses.

O solo es pueblo el manipulado por Siria, esa Siria intervencionista e imperial, que mata a todos los políticos libaneses, que no son títeres. Que ganas con la propaganda.


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Re: LA VICTORIA DEL PUEBLO LIBANES
NotaPublicado: Mar Ago 05, 2008 2:27 pm 
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Registrado: Vie Jun 27, 2008 7:03 pm
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El unico imperio del mal que asesina a los lideres politicos que no le son leales, y que invade y asesina es el imperio sionista que hoy rige en todo el mundo y su brazo ejecutor, EEUU.

Siria es un pais ocupado (altos del golan) al igual que Libano y que libra una lucha justa por su integridad nacional y su derecho a recuperar las tierras arrebatadas y a defenderse del expoliador estado sionista.


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Re: LA VICTORIA DEL PUEBLO LIBANES
NotaPublicado: Mar Ago 05, 2008 2:54 pm 
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Registrado: Mié Jul 09, 2008 10:37 pm
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A los altos el Golan son la causa de los asesinatos sirios en el Libano, ve vos yo no sabía, Antonio vos sos más, mucho más inteligente que eso.


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Re: LA VICTORIA DEL PUEBLO LIBANES
NotaPublicado: Mar Ago 05, 2008 3:47 pm 
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Registrado: Mié Jul 09, 2008 10:37 pm
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Líbano desplegó su ejército para separar a chiítas de sunnitas

Las fuerzas armadas libanesas debieron intervenir en los enfrentamientos religiosos que en los últimos días dieron muerte a nueve personas en la ciudad de Trípoli.

Tomado de:


Dos días de violencia sectaria provocaron, en Trípoli, que tropas del ejército libanés se hicieran presentes en la ciudad, a fin de evitar que nuevos choques tengan lugar. Fuentes de salud indicaron que los combates entre sunnitas y chiítas provocaron la muerte de nueve personas. Esta es la segunda vez que el gobierno en Beirut debió enviar a las Fuerzas Armadas a dicha ciudad con el objetivo de contener los enfrentamientos sectarios.
Una serie de disparos pudieron registrarse antes que los soldados se apostaran en la ciudad, así como también intercambios de granadas entre sunnitas y alauíes, en unos enfrentamientos que llevaban ya dos días de duración y que terminaron con las vidas de nueve personas e hirieron a otras 68. El temor a ser alcanzados por las armas tanto de unos como de otros provocó que muchos residentes de ambos distritos abandonaran sus hogares.
Las tropas gubernamentales, con el soporte de vehículos blindados, tomaron posiciones entre los distritos sunnita y alauí -los alauíes constituyen una secta minoritaria aliada del partido-milicia chiíta Hezbalá-, para prevenir nuevos enfrentamientos entre ambas partes. Era la segunda vez que los soldados se desplegaban por la ciudad en pocos meses -el ejército es la única institución que se percibe como neutral-. El pasado 23 de junio ya debieron patrullar la ciudad para poner fin a la violencia. Estos incidentes se suman a la cadena de episodios que arrastra la lucha por el poder entre los partidos con simpatías pro-occidentales, como el de Hariri, y los que miran hacia Siria e Irán, como Hezbalá. Estas luchas mantienen el país fuertemente dividido.
En los últimos dos meses, al menos 22 personas han muerto en la ciudad, de mayoría sunnita, en los enfrentamientos sectarios. Líbano se encuentra inmerso en una de sus peores crisis desde la guerra civil (1975-1990). En principio, la formación de un Gobierno de unidad hace unas semanas y el nombramiento de un nuevo presidente del país, Michel Suleiman, debían haber puesto el conflicto en vías de ser solucionado, pero un documento del gobierno, crítico con Hezbalá, volvió a incrementar la tensión en la sociedad libanesa.

Adnmundo



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Re: LA VICTORIA DEL PUEBLO LIBANES
NotaPublicado: Mar Ago 05, 2008 8:16 pm 
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Registrado: Mié Jul 09, 2008 10:37 pm
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La guerra iraní de Hezbolá

Tomado de:



Jueves, 03 de agosto de 2006 | 11:01

Cuando Sayyed Hassán Nasralah, secretario general de Hezbolá, celebraba su conferencia de prensa para declarar su nueva victoria sobre su enemigo, Israel, estaba provocando -- probablemente sin saberlo -- el inicio de una nueva era en la historia del Líbano y la región.

Por Walid Phares

Cuando Sayyed Hassán Nasralah, secretario general de Hezbolá, celebraba su conferencia de prensa para declarar su nueva victoria sobre su enemigo, Israel, estaba provocando -- probablemente sin saberlo -- el inicio de una nueva era en la historia del Líbano y la región. "Continuaremos con fidelidad a nuestra línea", declaraba, legitimando su ataque fronterizo contra una patrulla israelí, matando soldados y secuestrado a dos. Pero la verdadera "fidelidad" a la que se refería Nasralah no era para con sus hombres cautivos en cárceles israelíes, sino con los regímenes que toman las decisiones en Teherán y Damasco. La "operación de julio" llegaba como gota que colma el vaso en un conflicto más general, que va más allá de los secuestrados de Hezbolá, las granjas de Shebaa, las incursiones fronterizas o las respuestas prácticas israelíes. Más allá de, y por encima de los sucesos de ese día, Hezbolá estaba abriendo la primera guerra iraní sobre suelo libanés: una ofensiva patrocinada por Siria en el apogeo del régimen Assad II. Llevando fuego y humo a las fronteras libanesa-israelíes y la semana anterior a las líneas de demarcación Gaza-Israel, [el conflicto] no implica simplemente dos disputas locales, una a raíz de la retirada unilateral israelí de Gaza y la otra por la tierra en el margen occidental del Monte Hermón. Nasralah (así como sus homólogos de Hamas) ha calculado perfectamente cómo tirar la piedra y esconder la mano con los israelíes, recibiendo órdenes del régimen regional que ha calculado erróneamente sus estrategias. Presionados por las nuevas realidades regionales y las preocupaciones del mundo a raíz de las amenazas nucleares y el terrorismo, Irán y Siria quisieron poner a sus aliados en la mayor incertidumbre de supervivencia.


Pero mientras las Fuerzas Aéreas de Israel empezaban a bombardear la organización de Nasralah y la infraestructura de transporte y comunicaciones del Líbano y los medios informaban de la guerra en marcha con sus horribles imágenes, los centros de opinión y toma de decisiones del mundo empezaron a dar vueltas en todas direcciones, buscando un nombre a la guerra y una proyección de su final, con gran dificultad. Aún hay tentativas en marcha de enmarcarla, desde lo más simplista a lo más conspiratorio: el Líbano es un país hermoso, no se merece la violencia y la victimización, afirman los menos informados. En realidad tal lamento debería haberse expresado desde 1975, cuando el país fue arrojado a los leones. Entre los ataques de la OLP desde el comienzo de la guerra, la ocupación siria desde junio de 1976, la invasión israelí de 1982 y la penetración iraní de los años 80, además de la guerra civil entre todas las comunidades, más de 180.000 personas fueron masacradas y asesinadas, con muy poca compasión bajo la Guerra Fría y a pesar de su final en 1990. Mientras que la mayor parte de las milicias se desarmaron en 1991, solamente un bando esquivó ese deber: el Hezbolá de respaldo iraní y protección siria y sus aliados. Co-dirigiendo el país con las fuerzas de seguridad de Siria, las milicias se presentaron como "una resistencia" durante toda una década, construyendo sus redes y consolidando su poder dentro del país al tiempo que clamaban por la liberación de la ocupación de Israel en el sur. La "resistencia Jomeinista" aprobó la "ocupación" siria del Líbano y nunca luchó por liberar a sus compatriotas de las cárceles de Damasco. En mayo del 2000 lograba una victoria sobre Israel y sus aliados locales ocupando la presunta "zona de seguridad" al sur del Líbano después de que el segundo fuera evacuado por el gobierno israelí. Desde entonces, Hezbolá alcanzó su edad dorada: control de los cerca de 70 km de fronteras internacionales con "la entidad sionista" y garantía de centenares de millones de dólares y demás apoyo militar procedente de los Pasdaranes de Irán; pero también apropiación de los enormes activos y recursos gubernamentales bajo los auspicios del control sirio.


Entre el 2000 y el 2005, Hezbolá incrementó su influencia en la política libanesa, convirtiéndose en la fuerza imperante y permaneciendo como el principal aliado de la ocupación siria. A lo largo de la mitad de la década Teherán suministró a la organización armas capaces de alcanzar zonas remotas dentro de Israel. También en aquellos años Hezbolá extendió y cultivó sus células en todo el mundo, incluyendo Sudamérica, Norteamérica, África Occidental y Europa Occidental. Pero el incremento de su poder, tanto en el Líbano como en el mundo, comenzó a afrontar desafíos como consecuencia del 11 de septiembre del 2001.

Desde que el público americano se movilizara contra el terrorismo en general hasta la primera intervención liderada por Estados Unidos en Afganistán, los líderes de Teherán se pusieron extremadamente nerviosos con motivo de los cambios que alcanzaban su vecindario. Cualquier democracia en cualquier parte alrededor suyo es un mal augurio. Cuando el régimen Talibán fue derrocado de Kabul en el 2001, los jomeinistas de Teherán contemplaron el ascenso de la mujer en el proceso electoral y dentro del gobierno afgano. Los líderes iraníes comprendieron las implicaciones futuras en casa. Cuando el régimen de Saddam fue derrocado de Bagdad, la élite de Jamenei no estaba contenta con la desaparición, sino con el proceso muy bipartidista que le siguió, logrando insertar su influencia en él. Y cuando se votó la UNSCR 1559 exigiendo la retirada de Siria del Líbano y el desarme de Hezbolá, tanto Teherán como Damasco sintieron la presión sobre su influencia conjunta al este del Mediterráneo. La reacción baazista siria a la nueva era fue rauda, con el asesinato del ex Primer Ministro libanés Rafiq Hariri el 14 de febrero del 2005. Assad pagó un elevado precio por este gesto precipitado y el fusilamiento de sus opositores en el Líbano. En marzo de ese año, y a pesar de las tentativas por parte de Hezbolá de acumular apoyo popular para el Presidente de Siria dentro del Líbano, un millón y medio de ciudadanos se manifestaban en las calles de Beirut, haciendo pedazos el mito tanto de la ocupación "hermana" de Siria como de la posición intocable de Hezbolá en el país. Con el debilitamiento político de su organización aliada por parte del público y la expulsión de las tropas regulares de Damasco de Líbano, el régimen de Irán se movilizó hacia el contraataque regional. Hezbolá se preparaba para su papel en la ofensiva jihadista general.

La ofensiva jihadista sirio-iraní comenzó a dos frentes a comienzos del 2005 con el asesinato de Hariri en el Líbano y la elección de Mahmoud Ahmedinijad como cabeza de la República Islámica en Teherán. En el Líbano, y mientras el gobierno pro-sirio colapsaba, se celebraban nuevas elecciones y se establecía una mayoría anti-Siria, Hezbolá ejecutaba un sofisticado plan a un año para la guerra lanzada en julio del 2006. Comenzó con la imposición por parte de Nasralah de una extraña condición al gobierno Seniora: poner a tres miembros del Partido de Alá en su gabinete mientras Hezbolá mantiene una relación estratégica con el régimen de Siria. Ese éxito sacó adelante otras maniobras. Durante seis meses, los líderes políticos y los periodistas de la Revolución de los Cedros eran asesinados con coches bomba: Samir Qassir, George Hawi y Gebran Tueni. Esto bastó para convencer a los políticos anti-sirios de que cualquier obstrucción seria del eje sirio-iraní u oposición a Hezbolá sería "castigada". El trato con el terror parecía haber funcionado, mientras el gobierno era obligado a abandonar la implementación de la UNSCR 1559 y a hacer que sus integrantes se sentasen con Hezbolá para "discutir" el futuro de su arsenal. En pocas palabras, contener y debilitar la Revolución de los Cedros y al gobierno al que dio lugar llevó a Nasralah y a sus aliados menos de un año. Han pasado doce meses tras la retirada de Siria del país, y aún así el ejército libanés no es autorizado a desplegarse a lo largo de las fronteras, ni siquiera dentro de la sensible zona del sur del Líbano, a causa del veto de Hezbolá dentro del gabinete Seniora. Estratégicamente, Hezbolá absorbió las consecuencias de la retirada siria, se infiltró en el gobierno, y junto con los políticos pro-sirios creó mayores divisiones dentro de las comunidades religiosas del Líbano, incluso dentro de los estamentos políticos sunní, druso y cristiano.


Durante el 2006, diversos factores empujaron a Irán y Siria a presionar a sus aliados en el Líbano y en Palestina como último recurso. La crisis nuclear con Teherán fue el principal factor a la hora de convencer a los mulás de que un nuevo terremoto de las nuevas democracias y procesos de paz de la región es vital para alejar la crisis de Teherán. En la práctica, la determinación internacional a eliminar la amenaza nuclear iraní rompía las ambiciones de Ahmedinijad de incrementar su poder internacional. Las muchas elecciones en Irak, a pesar del terrorismo, anunciaban la llegada del proceso político a ese país con un futuro impacto sobre el propio Irán. El aislamiento de Siria como resultado de la investigación de la ONU en el asesinato de Hariri convenció además al régimen de Assad de que inflamar Gaza y la frontera libanesa-israelí es la receta para eclipsar el informe de la ONU. Hamas también había desarrollado intereses en la confrontación con "el enemigo sionista", puesto que la credibilidad financiera del recién formado gobierno de las zonas palestinas se hundía a marchas forzadas y se avecinaba una guerra civil con Fatah en el horizonte. Y finalmente Hezbolá, la milicia convertida en partido y enumerada aún como organización terrorista en la lista norteamericana de grupos terroristas, utilizó una extrema paciencia desde el 2000 para levantar su hiper-arsenal por el país, infiltrarse en el ejército y evitar la escalada contra Israel. Pero el Día de la Bastilla, Sayyed Nasralah ponía fin a la era de preparación previa: ahora es el momento de una jihad cualitativa, parecía insinuar.

Además que las coincidencias de intereses regionales en atacar a Israel con el fin de centrar la atención internacional en el conflicto árabe israelí, Hezbolá también ha incluido un buen número de factores "libaneses" en su decisión de inflamar las fronteras con su enemigo. Allá por marzo del 2005, los líderes de la organización de respaldo iraní contemplaban con incredulidad las enormes masas manifestándose contra Siria, y por efecto de rebote, contra Hezbolá. No solamente la mayor manifestación de democracia en la historia de Oriente Medio, sino también una multiétnica y multirreligiosa: cristianos, drusos, sunníes e incluso algunos chi'íes rompían el tabú del carácter "sagrado" de Hezbolá en el Líbano. La segunda pesadilla apareció con la retirada real del ejército sirio del país, abriendo el camino a la implementación del segundo punto de la UNSCR 1559, es decir, desarmar a la milicia fundamentalista. La tercera pesadilla llegó cuando esta coalición anti-siria obtuvo la mayoría en el Parlamento durante las elecciones legislativas de mayo-junio del 2005 en el Líbano. La amenaza para Hezbolá no se encontraba tanto en la formación de un gabinete opuesto la influencia siria como en la señal de que el pueblo del Líbano no está aprobando la cantinela de "la resistencia", o por decirlo simplemente, no se está tragando la versión de la historia del Partido, punto. La Revolución de los Cedros fue el peor suceso que tuvo que absorber el movimiento Jomeinista desde su concepción. La visión de millones de jóvenes, hombres y mujeres, con ropa vistosa desfilando en el centro de Beirut fue el comienzo de una nueva era: la democracia liberal, la libertad y el rechazo a la oscura ideología de Nasralah. De ahí que eliminar la revolución a cualquier precio se convirtiera en un imperativo.

En cuestión de pocos meses, un buen número de políticos y periodistas relevantes eran salvajemente asesinados por el bando pro-sirio: la Inteligencia Siria, Hezbolá y los demás grupos son sospechosos de estar detrás de la campaña de asesinatos. En paralelo, Hezbolá y sus aliados forzaron la mayoría parlamentaria que se suponía que iba a constituir un gobierno anti-baazista, derogaría al presidente pro-sirio Emile Lahoud y retiraría al portavoz pro-sirio de la Cámara, Nabih Berri. Una mano misteriosa convenció a los presuntos políticos del movimiento del 14 de marzo de que ninguna de estas medidas era factible. De ahí que Siria mantenga su control sobre el Líbano, mientras los Presidentes norteamericano y francés cantaban las alabanzas de la liberación del Líbano. Además, y en una maniobra suicida, el gabinete libanés encabezado por Fouad Seniora invitó a Hezbolá a ingresar en el gobierno antes de que el segundo se desarmara. Hacia el verano del año pasado, la Revolución de los Cedros sangraba con seriedad. No solamente estaba atrincherado en el gobierno legal del Líbano, sino que Hezbolá había logrado penetrar en la comunidad cristiana, el núcleo de la resistencia anti-Siria, alistando al antiguo comandante del Ejército Libanés que realizó un careo tras diez años en el exilio en el que afirmaba oponerse a Siria. Michel Aoun firmó un acuerdo "de entendimiento" con Hassán Nasralah durante la primavera del 2006. La "revolución" era decapitada y Hezbolá esperaba el momento oportuno para escenificar su vuelta al centro de la política libanesa al tiempo que ejecuta las instrucciones de Teherán y Damasco.


A comienzos de julio del 2006, los preparativos de Hezbolá para su sangriento retorno a la cabeza eran ultimados. La organización ya había terminado sus tareas libanesas:

1. Eliminación (directa o en coordinación con la Inteligencia siria o con los nacionalistas sociales sirios) de los símbolos visibles de la dirección anti-siria: Tueni, Qassir y Hawi, y tentativas de asesinato contra otros como May Chidiac, como lección de intimidación para todos los demás.

2. Parálisis del gabinete del Primer Ministro Seniora desde el interior y en cooperación con las redes del Presidente Lahoud desde el exterior.

3. Parálisis del Parlamento en colaboración con el portavoz Berri y el bloque Aoun.

4. Arrastrar a las fuerzas políticas del país al denominado diálogo nacional sobre las armas de Hezbolá, una importante pérdida de tiempo y la marginalización de lo estipulado en la 1559.

5. Intimidación del mando del ejército libanés.

6. Tentativas de dividir a la diáspora libanesa implantando agentes vinculados al eje.

7. Reactivación de las redes pro-sirias y jihadistas en el Líbano y dentro de los campamentos palestinos.

8. Distribución de armamento entre las milicias aliadas.

9. Finalmente, y lo más importante, completar las etapas finales del despliegue de un sistema de misiles y artillería de largo alcance apuntando a Israel.

Que Hezbolá decidiese poner en marcha su esperado Armageddon se basa en estos logros nacionales en el Líbano y en la coincidencia estratégica de intereses por parte de sus patrocinadores regionales. ¿Cuál era el plan inicial de Hezbolá? La milicia pro-iraní había levantado una teoría de invencibilidad basada en la racionalización de una cadena de éxitos anteriores contra Estados Unidos y Francia en los años 80, contra Israel y el ex-Ejército del Sur del Líbano en los años 90, y su intimidación de la Revolución de los Cedros en el 2005. En pocas palabras, el equipo de Nasralah estaba convencido de que una operación contra el ejército israelí:

1. Devolvería "la lucha contra Israel" al frente de la política libanesa, arrinconando así contra las cuerdas al gobierno libanés hasta la capitulación en los temas del asesinato de Hariri y del desarme.

2. Contaría con una dura respuesta israelí, lo bastante buena para atraer la condena mundial, pero no demasiado como para cambiar la realidad en el Líbano.

3. La operación, llamada "al-Waad al sadeq" (Promesa Fiel) señalaría el comienzo de una serie de escaramuzas con Israel y un asalto generalizado contra el gabinete de Seniora y la Revolución de los Cedros, a ser acusados de traición y conspiración con los sionistas.

4. Con el derrumbamiento del gobierno libanés bajo los ataques de Hezbolá-Lahoud-Aoun, el Presidente pro-sirio desecharía el gabinete Seniora y conchabado con el pro-sirio Berri, disolvería el Parlamento. Una campaña masiva de asesinatos, detenciones y exilios tendría por objetivo el movimiento del 14 de marzo, seguida de elecciones legislativas respaldadas por el terror, que traerían de vuelta a la asamblea pro-siria de Hezbolá y un gobierno radical.

5. El "golpe" restablecería un régimen pro-sirio-iraní en el Líbano y reconstruiría una tercera ala del eje Teherán-Damasco, reanimando el conflicto árabe israelí, rejuveneciendo el dominio sirio, aislando a Jordania, llegando a Hamas, derrumbando Irak y desatando los programas de armamento nucleares de Irán sin control. El efecto dominó del "Waad al sadeq" de Hezbolá queda lejos de haber sido imaginado nunca por los legisladores árabes u occidentales.

Nasralah parecía tener el control de su estrategia cuando apareció en su conferencia de prensa de la victoria. Su espalda estaba cubierta puesto que había aterrorizado al movimiento de la Revolución de los Cedros, alistado el apoyo de Aoun (quebrando la unidad de la comunidad cristiana) y sesgado las conexiones sunní y drusa con el fin de desafiar a Jumblat y Hariri (hijo). Al sur, aplaudía al "gabinete" de Hamas con Haniya por haber involucrado ya a los israelíes. Al este, Siria se movilizaba y esperaba. En Irán, los "amos" extienden su paraguas estratégico; y en Irak, el enturbiamiento de las relaciones sectarias por parte del terror estaba en marcha. Todos los hermanos del jihadismo Jomeinista esperaban que Hezbolá diera el pistoletazo de salida de los sucesos desde Galilea. Nasralah se encontraba al frente de un plan encaminado a destruir la democracia en ciernes y la creciente estabilidad de la región. Las probabilidades de éxito para el "eje" eran realmente elevadas, pero el plan maestro de Hassán Nasralah fracasó. En primer lugar, el gobierno libanés, oliendo los hedores de la conspiración, fue rápido en distanciarse de la operación. "El gobierno no fue informado ni lo aprueba", afirmaba la circular de prensa de Seniora. En segundo lugar, el revés de Israel sorprendió a Hezbolá y sus aliados. ¿Por qué iba el gobierno Olmert a declarar una guerra total contra una organización que los ejércitos clásicos no pueden destruir, a pesar de los planificadores de Teherán? A continuación llegó la postura árabe: Arabia, Egipto y Jordania, seguidos discretamente por otros, no extendieron su total apoyo a la maniobra. Ciertamente criticaron a Israel hasta el extremo de la retórica, pero no elogiaron al "Hizb". A nivel internacional, el grupo del terror "que proporciona servicios" no salió mejor parado. Estados Unidos extendió su apoyo bipartisano con firmeza a la UNSCR 1559; Francia y el resto de Europa afirmaron lo mismo -- en su lenguaje continental - Rusia no se alineará con Nasralah, y China tiene otras prioridades delante. Solamente Irán amenazó con emprender guerras al rescate de su ejército más occidental. Nasralah ha caído en su propia trampa, pero decidió seguir adelante con un plan de contingencia.


No tan distinto del Plan A, los objetivos del Plan B han sido reajustados. Si Israel bombardea la infraestructura de Hezbolá sobre el terreno, el petróleo iraní la va a reconstruir. Si Israel invade por tierra, se encontrará frente a un Hezbolá más agresivo que el de los años 90. Además, Hezbolá intentará no obstante ir a por el gobierno Seniora de todos modos. Movilizando "las reservas", Hezbolá alistó al Presidente Lahoud y a su cuñado, el Ministro de Defensa Elias Murr, con el fin de arrastrar al ejército libanés a la guerra contra las fuerzas de Israel. Y en colaboración con los grupos aounistas (mientras la mayor parte de sus partidarios aún están sorprendidos por los sucesos), Hezbolá ha desatado una campaña internacional contra la "agresión inhumana". Si las cosas salen bien, Nasralah espera que el Plan B se convierta en el Plan A, y que un avance por tierra por parte de Israel desate una ofensiva total contra el gobierno del Líbano por parte de las fuerzas sirias y pro-iraníes. Si Israel se desplaza al norte para crear una zona segura frente a los misiles, Hezbolá se moverá al Sur para controlar el resto del Líbano. El eje sirio-iraní rechazará la UNSCR 1559, rehusará las iniciativas internacionales para desarmar a las milicias, y dejará su huella en el Líbano incluso si la Suiza de Oriente Medio es reducida a escombros. Assad quiere salvar su régimen en Beirut, y Ahmedinijad quiere escudar su bomba en la Bekaa: Alea Jacta Est, el tiempo pasa.


El plan de Hezbolá para el ejército libanés es arrastrarlo a luchar contra Israel como medio de destruirlo. Durante los últimos 16 años, Siria y Hezbolá se han infiltrado en el ejército libanés e instaurado a sus partidarios en diversos puestos. Por ejemplo, el comando del Mando Sur, los oficiales a cargo del suburbio y del sur de Beirut, el Murabb'a al amni (zona de seguridad de Nasrala) y muchas oficinas de segunda línea están en manos de oficiales chi'íes vinculados a Hezbolá. Los aliados de Siria, incluyendo Hezb y Amal, encuentran un 20% de influencia dentro de la institución. El comandante en jefe, el General Michel Sleiman, es neutral, con probabilidades de cambio a cualquier bando. El jefe de la Inteligencia militar, cristiano, obedece órdenes de Lahoud. El mapa del poder dentro del ejército sigue cambiando, pero en el núcleo de esta institución, la mayor parte de los oficiales son pro-libaneses, cercanos a Occidente. Si Hezbolá obliga a las tropas regulares a luchar contra Israel, el ejército puede dividirse.


Las Naciones Unidas están atascadas por una resolución que no pueden implementar: UNSCR 1559. Estando entre aquellos que trabajaron para presentarla en el 2004, he estado siguiendo muy de cerca los esfuerzos internacionales a este respecto. Existe un consenso sólido de que la resolución debe implementarse; la cuestión es insalvable. La pregunta es quién la implementará. La realidad es que el gobierno libanés y sus fuerzas armadas son demasiado débiles frente al eje Hezbolá-baaz-Ahmedinijad. De modo que si un bloque regional está obstruyendo una resolución de la ONU, la comunidad internacional debería proporcionar el equilibrio de poder. De ahí que Estados Unidos y Francia, junto con la Unión Europea y los estados árabes moderados, con el consentimiento del Consejo de Seguridad, sean quienes tengan que proporcionar las herramientas al gobierno libanés para extender su soberanía sobre su suelo nacional, y [proporcionar] el apoyo a la Revolución de los Cedros para reavivarla. Las opciones son muy limitadas: o Hezbolá domina la República Libanesa, o la segunda desarma a Hezbolá. Cualquier término medio será una pérdida de tiempo. Si Israel detiene sus operaciones en ausencia de una intervención internacional, Hezbolá ganará la guerra. Si Israel se adentra en el Líbano tras Hezbolá, una intervención internacional es inevitable. Los días, semanas y meses en adelante lo dirán.


Mientras tanto, Hezbolá y sus aliados, tanto en la región como en Occidente, están emprendiendo la madre de todas las guerras propagandísticas. La tarea asignada a los propagandistas es detener las operaciones militares de modo que Hezbolá sobreviva y haga fracasar las intervenciones internacionales, de modo que el gobierno libanés se venga abajo. Una guerra de imágenes, fotos, declaraciones falsas, internet y medios está a punto de explotar en todas direcciones. Los operativos que ayudan a Hezbolá, incluyendo muchos con nombre cristiano, emprenderán una ofensiva propagandística indiscriminada contra las figuras libanesas, las figuras árabes, las figuras occidentales y obviamente las figuras israelíes, con el fin de extender la confusión y el colapso psicológico en la comunidad internacional. Objetivo: obstruir la implementación de la UNSCR 1559, acabar con el movimiento del 14 de marzo, criticar al gobierno árabe e incitar a la violencia jihadista.

Hezbolá ha emprendido una guerra iraní con respaldo sirio. Sabía cómo empezarla, pero no sabe cómo terminará. Las fuerzas desatadas en este conflicto han sido impredecibles, incluyendo Israel, la política del Líbano, los gobiernos árabes y la comunidad internacional. Hezbolá y sus aliados regionales han hablado de "sorpresas" próximamente. En la práctica, lo segundo es mucho más predecible: más misiles de camino y ataques suicida en Israel, golpe de estado en el Líbano, y obviamente terrorismo internacional, Occidente incluido. Pero "las sorpresas" también pueden sucederle a Hezbolá. La operación Waad al sadeq podría no ser el único error de cálculo por parte del Secretario Hassán Nasralah. El futuro de la guerra de Hezbolá es tan incierto como el destino de la organización.

El Dr. Walid Phares es profesor de Estudios de Oriente Medio y experto en el islam político y la jihad, graduándose en Derecho y Ciencias Políticas por las Universidades Jesuita y libanesa y doctorándose en Relaciones Internacionales y Estudios Estratégicos por la Universidad de Miami. Enseñó en la Saint Joseph University en los 80 y ejerció en Derecho en Beirut hasta 1990. Más tarde fue editor del Sawt el-Mashreq y Mashrek International, emigrando posteriormente a Estados Unidos, donde ha dado clases en la Florida International University y la Florida Atlantic University. Ha publicado centenares de artículos y escrito siete libros acerca del fundamentalismo islámico, y ha sido consultado por el Congreso americano en 3 ocasiones.



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